martes, 19 de mayo de 2009

Réquiem por una palm


Mi querida palm, asistente digital personal, computadora de mano o como quiera llamársele murió hoy exactamente a las 5 pm hora local de la Ciudad de Buenos Aires, presumo que por una misteriosa reacción alérgica y desde luego virtual a una nueva tarjeta de memoria que en ella coloqué. Pensar que la mayor desgracia que podía a uno acontecerle en los viejos tiempos de las agendas de papel era olvidarlas o perderlas por ahí, o que fueran víctimas de un incendio o un naufragio inevitable (en caso de que el usuario viajara en barco o se desatara sobre la Tierra una réplica del diluvio universal). Hoy en día en cambio a estas especies electrónicas extrañas las asuelan calamidades incomprensibles para un humilde ser humano normal, y de golpe sin más uno debe asistir a su deceso definitivo. Mi palm no ha perdido desde luego su condición de objeto, un objeto por completo inútil, vacío y callado como un cuerpo muerto, como un libro al que se le hubiesen arrancado todas las páginas, un cuadro que hubiese sido despojado de la imagen y del cual se conservase tan solo el marco.

Afortunadamente tuve la precaución de almacenar en mi computadora de escritorio toda la información que la palm atesoraba, es decir por ejemplo mi calendario hasta el año 3020, mi lista de tres millones de contactos, mis ideas para las próximas 25 novelas que habría de escribir en esta vida y la que viene. De todas maneras me siento perdida luego de un quinquenio de dependencia del menudo artefacto. Tendré que comprar otro, me digo mientras navegando por la web observo con profundo desencanto no sólo el precio de estos adminículos sino en particular el hecho de que el término “palm” no figura en el diccionario de la Real Academia. ¿Habrá de figurar en un futuro? Por otra parte hace milenios que (como todo el mundo) ya no consulto el diccionario de papel sino este otro diccionario de Internet, un diccionario virtual, palabra esta última que el propio diccionario define en su segunda acepción como “implícito, tácito” y en su tercera como de “existencia aparente y no real”. Mi palm-objeto muerto es real, pero me ha quedado bien claro que la verdadera razón de su existencia era aparente y que se la ve muy tácita, en la primera acepción del diccionario. No me extrañaría pues que un buen día todo el universo en el que vivimos hiciese “pop” como mi querida palm y desapareciera de manera inexplicable y por cierto también irremediable, y a nuestro alrededor permanecieran tan solo las cáscaras vacías de los objetos electrónicos que en sus entrañas informáticas contenían todo aquello (incluido este blog) que parecía de verdad pero que no lo era.

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